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7 de Julio, 2010
Lejos quedan aquellos tiempos en los que los objetos en tres dimensiones sólo proyectaban un círculo negro bajo sus pies, de hecho, los programadores en seguida se dieron cuenta de que una sombra facilitaba una mejor inmersión por parte del jugador en un entorno 3D –sobre todo en juegos de plataformas– donde ese pequeño objeto negro se convertía en uno de los mejores referentes para saber dónde y en su caso a cuánta altura estábamos.Por ejemplo, el simple hecho de tener una sombra bajo el coche en un juego de conducción, por un lado quitaba esa extraña sensación de estar volando con el vehículo por los circuitos, y por otro daba más realismo a saltos y filigranas. Así, la sombra fue cobrando más y más protagonismo, pasando de ser un extra a todo un indispensable, y a medida que la potencia de las consolas –principalmente las de sobremesa– iba en aumento, generación tras generación, las sombras iban ganando complejidad y aportaban más y más realismo. Sin embargo, hoy en día vuelven a pasar totalmente desapercibidas porque realmente no son más que eso, sombras oscuras que se mueven a la par que los elementos de un juego, auténticos protagonistas de la acción, y en función de los espectaculares efectos de luz, más llamativos a los ojos del jugador.
Artículo en: Juegos
Etiquetas: 3 D, Videojuegos
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